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Acebo es conocido desde hace siglos por las delicadas labores de Encaje de Bolillos que sus mujeres realizan a mano de forma artesanal. En otros pueblos de Sierra de Gata también se confeccionaban pero en ningún otro lugar fue tan importante ni se ha mantenido hasta hoy como aquí. Su origen se relaciona con la presencia de población musulmana y judía en estas ricas tierras antes de su anexión al Reino de León en el siglo XII.
El saber se ha transmitido de madres a hijas siendo para consumo propio de las familias: decorar ropas, mantelerías, juegos de cama, paños de puerta y los ajuares de las novias. En otros casos se realizaban labores por encargo, de ahí la imagen romántica de los grupos de mujeres, de distintas edades, sentadas en la calle charlando afablemente entre ellas mientras que sus artesanas manos componen la melodía de fondo haciendo “bailar y cantar” a los bolillos sobre la almohadilla.
El encaje es todo un arte. Se confecciona sobre una almohadilla rellena de paja o bálago en la que se coloca un cartón con el dibujo que hace de picado o patrón y al que se le colocan alfileres que sirven de guía para entretejer los hilos. Los blancos se enhebran en los bolillos, realizados en madera, y con ellos las diestras manos de la encajeras, con sus rápidos y coordinados movimientos, forman torsiones, trenzados y tramados creando armoniosos conjuntos figurativos.
De los diseños simples como el “pucherito”, realizado con veinte docenas de bolillos, a aquellos como “La pluma” que necesita treinta docenas. En Acebo hay todo un mundo de elaborados encajes: “La Envidiosa”, “la Bruja” o el “Paseo de la Reina” entro otros muchos.
A finales del siglo XIX y principios del XX dibujantes, artesanos, albarderos y otros oficios crean una floreciente industria artística que lleva sus encajes por toda España. Las mujeres, individualmente o en talleres de terceros, elaboraban los encajes que eran adquiridos por los “acaparadores” y distribuidos por las “sacadoras” que los vendían en pueblos y ciudades casa por casa o en la propia calle e incluso montando pequeñas tiendas. En muchos casos, “ocultaban” su origen asignándoselo por rentabilidad otros “municipios”.
Quizás fuera esta forma de dependencia de terceros, unido al pequeño volumen de la producción, por lo que el encaje de Acebo no llegó a ser debidamente reconocido como el de otras zonas de España, además de la industrialización que hizo que la producción artesanal decayera.
Pero las mujeres de Acebo se negaron a ver desaparecer el legado centenario que les fue transmitido y, aún hoy, se esfuerzan en mantenerlo vivo. Actualmente existe una asociación de encajeras denominada “El Álamo”. También se realiza un encuentro de encajeras a nivel nacional que ya va por la 17 edición. Un pueblo que lucha por mantener viva su tradición y sus raíces.
Fueron y son todas esas mujeres con su saber, paciencia y arte, las verdaderas protagonistas del Encaje de Bolillos de Acebo.