El límite noreste de Salorino lo conforman suaves laderas que van ganando altura conforme se acercan al río Salor, siguiendo las aguas de la Rivera de los Molinos y el Getrero junto a la de las Torres que generan unas hondas cicatrices con sus cauces escarpados, zonas protegidas bajo la figura del Parque Natural Internacional del Tajo. El sendero del Puente del Infierno se corresponde con la ruta PR-CC 94, de traza circular, que discurre por suaves lomas de secano o de dehesa y riscos junto a la rivera que se salvan con el puente que da nombre al sendero.
El sendero comienza en las cercanías de la Plaza de Torrijos por la Herreruela hasta incorporarse al Cordel de Alcántara, dejando de lado el camino junto a la Laguna de la Cigüeña y en el siguiente cruce se abandona el cordel para tomar el camino a la izquierda que cruza la N-521.
El camino discurre entre paredes de mampostería que cierran pequeñas parcelas de secano hasta llegar a la portada de la finca girando a la izquierda para continuar por una loma descendiendo hasta el cauce de la Rivera de Getrero donde aguas abajo comienza el parque natural.
Sin cruzar la cancela se gira a la derecha para ascender la ladera donde el recorrido cambia de dirección y ahora ofrece unas magnificas vistas de las tierras de Salorino y con la Sierra de San Pedro de fondo hasta llegar a una zona atravesada por diversos cauces de agua pluvial.
Una vez se abandona la cerca se llega a la mesa, lugar donde acaba el camino y comienza una vereda, buen momento para tomar un respiro y disfrutar de unas magnificas vistas del entorno. En un descenso, a veces pronunciado, se prosigue por una vereda que bordea un roquero tras el cual se atisba un profundo cauce.
De lejos ya se percibe el Puente del Infierno, encajado entre riscos, donde una vereda asciende y se convierte en una pista en la que a la derecha se encuentran los restos de unas “zajurdas” y desde arriba se divisa la Rivera de las Torres. Girando a la derecha y ascendiendo poco a poco el entorno se convierte en tierras de dehesa.
Entre encinas el sendero continua hasta llegar a una bifurcación en la que a la derecha nos encontramos los restos de un “bujio” (viviendas temporales para trabajadores del campo) con una encina que lo arropa. En este punto se pasa junto a una laguna que sirve de abrevadero a los animales.
Al llegar frente a un cortijo se retoma la colada dirección derecha para abandonarla momentáneamente y cruzar a la Rivera de los Molinos por el puente peatonal que formó parte de la antigua carretera hasta la zona de ocio de los Molinos y volver así al cordel que continúa por el paso inferior de la N-521 para tomar dirección al punto de inicio del camino y encontrase con la traza de ida.
Volvemos sobre nuestros pasos hasta pasadas las edificaciones agrícolas que dejamos a nuestra izquierda, entonces giramos 90º para ascender una pequeña ladera que no lleva a un mirador natural que nos deja impresionantes vistas del entorno. Un poco más adelante pasada una cerca llegamos al punto de partida.