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La Iglesia de San Antonio de Padua es una joya de la arquitectura neogótica, obra del arquitecto Juan Bautista Lázaro de Diego, uno de los más importantes representantes del historicismo de finales del siglo XIX. Sustituye a una anterior y es edificada en 1894, siendo sufragada con las ayudas económicas de Doña Bárbara Bustamante y los marqueses de Hinojares.
Singular por su forma de cruz griega que recuerda los templos bizantinos, la nave es un poco más larga que el resto de los brazos para encajar interiormente el coro. Un zócalo de sillería recorre el perímetro sobre el que se levantan los muros formados por mampostería de pizarra y ladrillos de la zona.
En la fachada se dispone una composición típica del gótico, pero simplificada y con arcos de medio punto. Un gran arco cobija a otro que cubre el blanco tímpano, bajo él un gran hueco con parteluz. Rematan el hastial molduras escalonadas y, coronando el conjunto, el campanario con esquinas achaflanadas.
En el resto de los muros laterales de la nave, el transepto y el cabecero, son de mampostería y se decoran con impostas de ladrillo que se interrumpen en los ventanales de medio punto y rematado con un entablamento de cornisa de ladrillo.
En las fachadas del transepto y del cabecero se sustituyen los ventanales por rosetones, la imposta superior se ve interrumpida por un gran arco de ladrillo y el remate del hastial repite el de la fachada. Los muros del cimborrio, macizos, son de mampostería con fábrica de ladrillo.
En las esquinas del edificio se sitúan esbeltos contrafuertes de ladrillo en grupos de dos, dispuestos en distintos planos y que se unen según su ubicación. Los laterales de la nave cuentan con sendos contrafuertes que se corresponden interiormente con la línea del coro.
La entrada a la iglesia se realiza bajo el coro, donde un gran arco lo separa del resto de la nave. Sorprende el deslumbrante blanco del interior roto por los haces de luz coloreada que entran por las vidrieras de ventanas y rosetones así como por el juego de luces y sombras que forman los distintos planos de las pilastras fasciculadas y los arcos resaltados.
Al pasar el coro, la nave se convierte en un espacio cuadrado cubierto por una bóveda de aristas sobre arcos de medio punto. Al ser también espacios cuadrados los brazos del transepto y el crucero se repite la misma solución constructiva.
El espacio del cabecero lo ocupan dos piezas rectangulares. La menor es la Capilla Mayor y tras ella la Sacristía, dos espacios rectangulares que dan lugar a sendas bóvedas de cañón con lunetos. Las gradas del presbiterio se adelantan para situarse bajo el crucero.
No tiene especial valor, por su modernidad, ninguna imagen o retablo, si bien el retablo mayor que integra el acceso a la Sacristía es una pieza interesante en cuanto a su diseño. En el crucero, al lado del evangelio, se dispone una pequeña pila bautismal berroqueña que podría pertenecer a la iglesia anterior.